EVOLUCIÓN DE LOS CAMPAMENTOS

Desde la década de los años 90 el consumo del tiempo libre ha ido creciendo, propio de una sociedad de bienestar; pero el consumir nuestro propio tiempo libre ha hecho que lo que era tiempo libre de descanso y de convivencia se haya transformado en ocio, en seguir haciendo cosas (que se suponen nos gustan y nos interesan) durante el tiempo que podríamos destinar a descansar más y mejor y a estar con todos los seres queridos a los que a veces no les dedicamos el tiempo suficiente.
Sin duda, el momento de mayor tiempo libre es el periodo de las vacaciones estivales. Y este tiempo es mayor entre los niños, adolescentes y jóvenes, ocupados durante las otras tres estaciones del año en tareas escolares, principalmente y como norma general. Frente a esta realidad ha ido surgiendo dentro del sector terciario, dedicado a servicios, la llamada industria del ocio y del tiempo libre.
Aún recuerdo en los años 80 e, incluso, en los años 70 los extraordinarios y exclusivos campamentos que organizaban las asociaciones que existían en los colegios de religiosos y de religiosas, o las no siempre queridas asociaciones de Scouts. No había muchas más ofertas para el verano. Más tarde, con todo el movimiento sociocultural que surgió en nuestro país fueron apareciendo múltiples asociaciones con miles de fines, todos ellos nobles, dedicadas a los más necesitados en distintos aspectos, y que también fueron completando su actuación con campamentos.
El acudir a estos campamentos era casi un regalo para los que asistían, por varios motivos: por salir del ambiente familiar, por viajar y conocer nuevos lugares y por el contenido de aventura que en sí conllevaba. Casi se deseaba que llegara el verano para asistir a estos campamentos, que poco a poco se fueron convirtiendo en colonias (cambiando las letrinas por servicios, los barreños con agua del río por lavabos, las tiendas de campaña y los sacos por estrechas habitaciones con hacinadas literas, tener que lavar el plato, los cubiertos y el entrañable “poto” por el simple desecho de los platos y de los vasos de usar y tirar…).
Y como la comodidad que ofrecían las colonias (y ofrecen) no parecían suficientes fueron surgiendo los campamentos urbanos (¿me pueden explicar el término compuesto?). Aunque el término no sea muy comprensible sí lo es que surgieran actividades de verano en el propio entorno, porque un campamento también conlleva unos gastos que no todas las personas podían cubrir, porque no todos los espacios podían albergar un gran número de niños, adolescentes y jóvenes, porque así también se enseñaba a convivir de manera diferente con el entorno y la realidad cotidiana… Estas actividades fueron surgiendo por y para los niños, adolescentes y jóvenes, como un regalo para ellos entregado voluntariamente por un grupo de jóvenes entre 18 y 30 años crecidos en esos mismos ambientes y que realizaban muchos sacrificios y metían mucho tiempo para hacer del verano una experiencia distinta para todos los participantes.
Pero entre lo aquí escrito y lo que actualmente, verano de 2004, nos encontramos había una línea tan sutil que se ha ido rebasando sin ningún pudor, desde finales de los años 90; quiero decir, lo que hasta ahora era un regalo para los participantes por parte de muchos voluntarios ahora es un negocio de consumo y fraude, lo que antes era transmisor de vida y de valores hoy día no es más que el resultado de aprovecharse de una realidad social (igualdad de oportunidades laborales), política (subvenciones públicas a entidades privadas con carácter de lucro), económica (entrada de dinero negro sin un justificante o una factura que avale el gasto que se realiza) y familiar (distanciamiento en las grandes ciudades entre los familiares sin posibilidad de compartir la educación de los niños, adolescentes y jóvenes, especialmente con los abuelos).
Todo lo aquí descrito no es más que un acercamiento superficial a la evolución de los campamentos. Desde que yo lo recuerdo, antes, era para y por los niños, adolescentes y jóvenes, ahora es algo por y para los empresarios y para los padres.
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